Hay un potente hastío para orquesta
sonando entre los perros y la gente,
y hay una prisa unánime y urgente
viajando cabizbaja por la cuesta
en dirección a la distancia opuesta
de donde está la magia diferente,
para una vida que para el presente
por futuro mejor a rojo apuesta.
Donde quiera que vayas, solo ruinas,
catedrales de escombros adornados
y paz disimulada en las esquinas,
un punto murmurado en los costados
de algunos versos, ruinas, sólo ruinas.
Tres puntos al final arrinconados...
Las cosas de Iván Federico
Átomo perdido en la llanura, que me nombró el poeta, nací sin querer y moriré sin poder evitarlo.
пятница, 25 февраля 2011 г.
SUR
Macedonia de hombre y tiempo
el viejo ver morir en granada entre la fantasía
cada noche los lobos contra la pureza
insólita del agua inquieta.
Frontera de las grutas
del barro y el diablo
andaluz de la noche.
el viejo ver morir en granada entre la fantasía
cada noche los lobos contra la pureza
insólita del agua inquieta.
Frontera de las grutas
del barro y el diablo
andaluz de la noche.
суббота, 29 января 2011 г.
воскресенье, 23 января 2011 г.
пятница, 21 января 2011 г.
четверг, 20 января 2011 г.
En esta página arrancada que precede.
Hubo un poema.
Un pájaro amarillo posó aquí sus alas.
El poema que falta en esta página arrancada que precede era para Helena de Troya,
lo había escrito Helena de Troya con las manos de su aveamor místico para sí misma.
Por eso falta aquí. En este cuaderno de ave ansiosa.
Ay, el pájaro amarillo,
sufridor a veces de un celo tan grande que derrota al imbatible,
quema lo ignífugo, traspasa lo prohibido y reinventa la misma idea de celo,
tornándolo no ya un lastre mental o un problema, sino una herramienta perfecta,
un arma.
Ay, con sus garras,
que lejos se ha llevado el poema.
Un pájaro amarillo posó aquí sus alas.
El poema que falta en esta página arrancada que precede era para Helena de Troya,
lo había escrito Helena de Troya con las manos de su aveamor místico para sí misma.
Por eso falta aquí. En este cuaderno de ave ansiosa.
Ay, el pájaro amarillo,
sufridor a veces de un celo tan grande que derrota al imbatible,
quema lo ignífugo, traspasa lo prohibido y reinventa la misma idea de celo,
tornándolo no ya un lastre mental o un problema, sino una herramienta perfecta,
un arma.
Ay, con sus garras,
que lejos se ha llevado el poema.
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