Las cosas de Iván Federico

Átomo perdido en la llanura, que me nombró el poeta, nací sin querer y moriré sin poder evitarlo.

суббота, 27 ноября 2010 г.

Desierto rojo.


CAPITULO 1

Delante, hasta donde alcanzan mis ojos a ver, rojo y ceniza es la tierra, páramo de un paisaje ya cadáver, detrás la casa en pie. Detrás de ésta el mundo. Rojo calizo, yerto, muerto, inerte.

Alrededor: La inmensa nada. Tierra roja que se extiende hacia todos los horizontes 
donde antes estuvo tu casa. el parque, la tienda de electrodomésticos y la panadería
los jardines, las escuelas, la librería de compra venta y el anticuario del hombre rácano,
la casa de citas, la casa de Ramón, de Elena, de tus seres queridos y los míos.
Y, más allá, donde estaban nueva york, bombay, tel aviv, groenlandia, ocurre igual.
Todo, un desierto inerme.  Arena, roca y fuego. 

Se podría decir que el corazón de este desierto es mi casa. 
No me arriesgo a aventurar que haya algún ser humano aún con vida por el mundo
pero si puedo certificar que soy el único que posee una casa indestructible, y conservas en lata,
comida, bebida, medicinas, plantas, armas (ay, nunca se sabe, no, nunca se sabe), entretenimientos,
una mujer hermosa, un niño loco que sonríe y juega y salta, un mundo completamente desolado y rojo
sólo para nosotros.

Dentro, mi mujer calienta el té. Fuera no sabemos si hay nadie. Dentro mi niño juega a la videoconsola o lee.
Fuera no sabemos si hay vida. Dentro yo me arremolino por las noches al vientre de mi amor.
Fuera el amor es polvo sobre piedras rojas, rayos ultrasolares arañando el mundo, violencia
de fuego. Dentro tenemos libros, videos, un piano, tres nombres, somos libres, somos uno.
Somos uno.


CAPITULO 2

Casi nunca me he aventurado a caminar hacia el infinito. Una vez. La primera fue después de la cuarentena,
establecida al azar con el criterio más cauto que tuve a bien aprovechar. Os podría definir todo con una palabra.
Pánico.
Pero os detallaré: Aproveché un día que a saber dónde se había escondido el sol y caminé hacia el infinito.
Con unas provisiones, un buen libro, una linterna y un saco de dormir para las noches (las noches ahora son un monstruo). La brújula me indicaba dónde estaba el sur  pero yo ya había perdido el norte. Justo desde cuando dejé de ver mi casa. Imaginad el pánico, tras caminar tres días, descubrir que el paisaje no cambia. Rayos ultrasolares deformando rocas, ríos secos, cadáveres de bosques, lagos, pueblos. Cadáveres azules y purpúreos por la tarde, amarillos y rojos por la mañana. Negros y fríos por la noche.
La sensación más parecida al terror que he sentido en toda mi vida. 

A los cuatro días había regresado a casa, le conté a mi mujer la situación. Lloramos. Yo me bebí sus lágrimas, ella me agradeció acariciando mi pelo. En cierto modo y casi sin palabras comprendíamos que estábamos sólos en el mundo. Que sólo nuestra casa indestructible ahora existía. Y menos mal por ella que teníamos a Iván. Pequeño niño dulce. Soñador de pasados posibles y remotos futuros. Nuestro hijo.

1 комментарий:

  1. Me coges en mal momento. Estoy leyendo "El Sur" y traigo mucha tristeza acumulada.

    No obstante, me encanta.

    ОтветитьУдалить

se asoman al espejo