Las cosas de Iván Federico

Átomo perdido en la llanura, que me nombró el poeta, nací sin querer y moriré sin poder evitarlo.

четверг, 18 ноября 2010 г.

Lo prometido.


Eres como la tierra que dora el sol y es fértil,
como los campos de espigas,
como los de amapolas.
Eres como la primavera y el otoño.
Si de verdad preguntabas qué pienso
esto es poco, quizá solo un asomo.

Eres como el tabaco y como el whiskie
siempre cuando me exprimes como ellos,
me dejas ebrio y seco y destrozado,
tres placeres letales del que escribe.

Eres como la literatura de fuego.
Como un poema de fuego de Sabines,
Como una playa blanca de arena fina
con poemas de Sabines
donde nunca estuvimos ni leimos.

Esto es poco, quizás una aproximación.
Eres como la tierra cuando tiembla.
Puedo decir tranquilo y con la boca grande
“puedes pasar, tu casa sigue abierta”.

Si me notais callado...

Si me notáis callado es porque estoy viviendo.
Estoy saboreando el sol, las nubes, la tormenta.
Escuchando mis pasos, como caen,
y suenan lentamente en esta calle
que dicen que resuena en otras calles.
Invirtiendo tan sólo en dejadez,
flotando estoy, seguro,
como un fantasma.
Pegado al suelo voy,
como una sombra.

Si me notáis callado, celebradlo.
Seguro estoy viviendo nuestras vidas.

среда, 17 ноября 2010 г.

siempre me ha dado miedo la palabra "miedo"

Soneto malescrito que me manda a callar con viento en la cara.

No se por qué este viento, como un crío
entra y revuelve mi sentir paciente.
Y como un crío, sin miedo y muy valiente,
me dice que persista de lo mío,


que si abro mis ventanas entra frío.
Mas si cierro las puertas de mi mente
se que vendrá a mi estancia un frío indecente
que yo no quiero para mí y mi río.


Acabaré estos versos debiluchos.
He de reconocer que son sirocos
pateando mis ventanas como chuchos.

No reconoceré que estamos locos.
Que artistas del hablar siempre hubo muchos
y maestros del callar siempre muy pocos.

Otoño en mí.

No puedo comprender que, aun, este otoño
no esté todo plagado de hojas caídas.

Hojas en el campo,
hojas en el bosque,
hojas en los libros...
Pero en el centro nada.
Los árboles están desotoñados.
Cuando caminas oyes el seco plof de tus zapatos
y no el crujir de las primeras hojas que cayeron,
ya secas para el festival de las pisadas.

Por otra parte no nos engañemos.
Este otoño se nota un grave descenso
de los acordeones roncos,
y los violines constipados
que caracterizan, viejos, grises,
las calles de Granada en los otoños.
El frío, diréis, el frío...
La policia de la nostalgia, diré yo.
Pues ya dice de viejo el refranero
"acordeón que no suene y pisada que no cruja
seguro es cosa de bruja"

Pero este otoño tiene un regalo especial, hay que decirlo,
que los otros otoños reservaron para gente feliz, gente dichosa,
y son domingo tras domingo los domingos de este otoño el regalo.

Primer domingo sin hojas:
tus ojos frente a frente con los míos,
y nuestras bocas y nuestros oídos
en un círculo místico encerrados.

Segundo domingo sin acordeones:
waltz en Valparaiso, fauno y río
danzando y levitando y tiritando,
y más tarde, (domingo), los titanics
hundiéndose en la cueva del león,
Leonardo resistiéndo sólo a uno,
sólo a un tipo de muerte y no de frío.

Tercer domingo y ya si, este con todo:
acordeón, violines, paz, incienso,
árbol de otoño, huevo, papas fritas,
chimenea de cuerpos como leña,
brazos, franela, bocas, besos, llanto,
noche que tu te pierdes y te encuentro
sin importarme mucho castigarte
en una esquina ardiente de tu cama.

Amanece miércoles de tarea y disolución de ideas.
Velocidad devora otoños con sus dientes de invierno acelerado.
Jueves vendrá también con cuentagotas marcando un tempo frío
de hora en hora, como la gota fría de la llovizna que se instala en la nuca.
Viernes donde la poesía la roba Cádiz y no me invita ni a un mordisco, bueno...
Sábado de nomuertos. Compromisos absurdos del poeta que te escribe.
Que quiere que el domingo llegue pronto,
y traiga hojas caídas
y crujidos.





























y todo eso.
Ya sabes lo que digo en mis silencios.

Descripción del viaje.

Montada en un león que ruge sobre el rocío,
Turner va pintando los caminos que recorres
cada mañana y como en cada ensueño.

Ocurre que también alguien te sueña
y el sueño se parece al lugar que va a veces
desde sus fantasías. Un paisaje
asediado por montes, higos chumbos,
flores sin nombre, mesa, silla y lunas,
en donde se rodea de ti,
se cubre de ti,
se viste de ti,
donde te bebe a ti,
te come a ti,
te siente a ti
sobre las otras cosas que lo asedian,
que bajo un cielo Turner, montada en tu leoncito
no sabes,
no entiendes,
o no quieres 
o puedes comprender que así esto ocurra,
quizá porque no tienes tiempo para esto,
quizás porque no debes,
quizá por paz, por miedo.
Quizá,
quizás,
quizá.

Agarrada a la melena circular del leon
por ti el paisaje muta, todo tuyo,
y bajo tu magnífico espectáculo.
no necesitas aditivo alguno.

вторник, 16 ноября 2010 г.

Cuatro. (Despatafisicación de una rayuela) Cap VIII


Desde el infinito vengo al uno.
Si, del cielo vengo a la tierra
tirando la piedrita. Desjugando.
Primero un cielo de conclusiones lunáticas.
Luego reflexionando sobre la intención del juego.
Dejando llover tormentas para ablandar los fuertes trazos
y luego dejando caer una lluvia débil para continuar la tarea.
Y de nuevo de vuelta a la meditación, ¿por qué estamos aquí?.
¿Por qué jugamos?
Y luego a descansar
porque he llegado al centro
y he aceptado
que hay un camino futuro
y otro andado.
Después en espiral una poética.

Ahora me veis aquí.
Parado sobre el cuatro.
Divagando, vagando
destrazando y recordando
por qué hice esto o aquello
en este despropósito.

Cuatro esquinas de tiza.
Cuatro apóstoles de tiza.
Cuatro paredes de tiza.
Cuatro jinetes de tiza.
Cuatro borrones de tiza
y empezaré a estar al descubierto.

La lluvia caerá sobre mi.
Tres tristes trazos triscan truenos tralalá,
y ya estaré en el suelo.

Del cielo al suelo he tardado más de dos años en llegar.
Del tres al suelo me queda ya un suspiro.
Ya huelo el fin del juego. Final del juego.

Suspiro que estoy dando. Tiro la piedra.