Las cosas de Iván Federico

Átomo perdido en la llanura, que me nombró el poeta, nací sin querer y moriré sin poder evitarlo.

суббота, 1 января 2011 г.

My howl.

II

No me intuís cual soy. Creéis lo que habéis visto y es por eso. No sabéis del laberinto. No sabéis del jardín secreto. No intuís cuantas mariposas nacen en mi pecho cada día ni cuanto pájaro muerto me han dejado en las manos, como al pobre de Gamoneda. Me llamáis a vivir una vida cuya cuadriculada milimétricamente existencia me espanta. Sólo la idea de pertenecer mínimamente a eso, como lo hago, me turba. Yo sin embargo os veo felices como flores de primavera. Váis. No, la calle no pasa por vosotros. Váis, vosotros, por la calle, pecho henchido, cartera a color con los billetes y las idéas, pensando en vuestro pronto matrimonio con la persona perfecta. O adecuada. Qué demonios. O la que os dé un poco de cariño. Henchidos como palomos en celo. Y vosotras, me recordáis a veces a jacas. No todas, no quiero ofender. Sólo algunas. Especialmente con botas altas y cinturón marrón a juego. Cadera de mula. Dios. Cuánto me recordáis a Jacas. En el andar, en el sonido de los tacones o la postura de espera, en el rondar a los pollinos y a los caballos, preferiblemente de pura sangre, o preferiblemente bellos de algún modo. Y también vosotras, cartera a juego con los billetes, trotáis como yegüas en la cuadra. Buscando al mejor postor. No es por criticar, también hay otro mundo cerca de mí. Esto de lo que os hablo es sólo un bocado escupido de una manzana que no me gustó morder. También hay otros mundos, bellos, mundos como pompas de Jabón, simpáticos y gentiles, sutiles, Machado por medio. Mundos de mariposas que vuelan de una flor a otra. Mundos de lotos. De serpientes. De pájaros. Grace. Moving mandalas. (Hay muchos mundos dentro de ese mundo, pero no os hablaba de eso ahora, os hablaba de mí, y supongo que por eso os he hablado de esto).
Volviendo al tema. Al mí, al yo, al ego.
Eso que veis tan torpe por la vida.
Eso que veis hacer cortes de manga.
Decir palabras obscenas sin remilgo.
Alarde de su falta de vergüenza.
Eso que criticáis por esto o por aquello.
Que no os completa, que lo véis vacío...
Eso está lleno.
Es un pájaro gordo que emite poesía.
Un pollo picamierda (mi madre lo diría).
Un ave cuyas alas son más aves y así en fractal.
No el mundo que intuís todo de sombras
ni el mundo que pensáis con mucha luz.
Un mundo aparte.

Por eso voy chocando con todo y todos. Por eso aullo aquí y ahora que saldré vencedor.
Oh sociedad, tú, sosa. Pastelosa. Llena de buenos motivos tras los que se esconden malvadas acciones. Religiones amables que esconden las garras y los dientes. Sociedad de anuncio navideño. Toda perfecta. Tu, la tan feliz, la todo va bien. Protégeme de ti y de tus caminos.

Me declaro en guerra desde ahora contra todos vuestros mundos.
El mío triunfará. Y olerá a...

четверг, 30 декабря 2010 г.

Palabras como flores.

IMPACIENCIA

Soy el Principio.

Estoy aquí desde el fin.

Me instalo en las cosas muertas,
en la hoja de papel que se acaba de llenar,
en las bocas del último beso de un amor que se despide
de sí mismo para siempre.

Nazco de golpe tras el miedo,
soy la conclusión de la duda y el extrañamiento,
crezco en proyectos concluidos, en el acercamiento del enamorado
a su víctima amada.

Vivo en la muerte desde que existe.
Soy la explosión del genio del artista que estuvo mudo.
No puedo negarme a ser la parte más importante de lo que nace
irremediable y nuevo.

Me llaman Dios. Me llaman trueno.
Me llaman esperanza. Vida, me llaman.
Me llaman luz en la noche y sombra en el día.
Mi nombre no está escrito todavía.

Soy lo que esperas cuando esperas.

A veces estoy en tus lágrimas secas.
En las palabras de una mirada entre dos.
Soy lo que vendrá después del error.
Amante del final y su asesino.

Sólo hay algo que puede conmigo.
La eternidad. Y yo la he visto. Es débil.

La eternidad se muere en los finales.
Se muere en los gobiernos de los pueblos,
se muere en libros, en romances, todo
en la eternidad se muere lentamente.
Se le muere a la eternidad el miedo.
El terror se le muere, la desazón
y la desesperanza.
Se le mueren las artes, las ideas.
Los hombres se le mueren como copos de nieve.
Los hombres se le mueren como hojas de otoño.

Y ahí es donde empieza mi trabajo.
A partir de ahí me consolido.
Me hago paso y me poso
sobre las ramas como un ave rapaz
y me lanzo demente sobre la carroña.

Mi nombre es Principio,
mi vida empieza siempre ahora.

Mi nombre es Fin.

Estoy desde el principio aquí.

Silencioso como un áspid,
me muevo entre las gentes y sus vidas,
sus amores, esperanzas vanas, rozando sus proyectos
de futuro, sus casas construidas con amor o por amor.

Letal, como un verdugo sin rostro ni voz,
este hacha de Damocles se desliza por el aire
rasgando el enorme vacío que rodea todas las cosas,
la musitada nada que acompaña el todo de cada suspiro.

Se me intuye o no,
pero ahí estoy, como un caballo trotando
libre en las marismas de paz de vuestras psiques,
dejando huellas firmes que a más corro, más crecen.

Corro como un atleta,
o ando, como un potente atleta
que no puede perder. Ay, contrincantes,
oled, oled las rosas, carpe diem, tempus fugit.

De nada os servirá saber latín.

Estoy en vuestra sonrisa.
En vuestra médula espinal.
Soy lo que fallará algún día.
Compañero en armas de la muerte.

Sólo hay algo que puede conmigo.
La eternidad. Y yo la he visto. Es débil.

La eternidad se muere en los periódicos.
Se muere en África, en Sudamérica, en Asia,
se muere en Norteamérica y Europa, en Oceanía.
Se muere en la punta de los dedos torpes.
En la cuchara lenta.
Se muere en la televisión en "prime-time".
Se muere en el orgasmo de un amante.
En la universidad.
Hasta en las bibliotecas
se está muriendo la eternidad.

Vosotros, costumbristas, acomodados,
vagos, no alcanzaréis jamás lo inextrincable.
Sois asesinos. Lo eterno expira en vuestras manos
como un pájaro, un perro o un gato que se muere..
Ya no le tengo miedo a vuestra eternidad.

Mi nombre es Fin,
estoy aquí desde el principio.

вторник, 28 декабря 2010 г.

Suite para Olivetti Linea 98 y la no tan Magna.

Para qué salir:
Olivetti, Linea 98, saco de huesos,
cadáver de máquina de escribir al que le faltan las letras a m o r y otras.
Mi padre, remuerto. Mi casa, sola, conmigo...
Lo echo mucho de menos.
Para qué salir:
Mahoma, mensajero de Dios,
cuatro mecheros, Sonata a Rodolfo, blancos,
Hector y un cappuccino.
Una rendija abierta en la rejilla.
La libertad, Kreutzer, minuto cuatro;
La historia de mi vida. Hachis y ausencias.
Para qué salir
si en la calle me esperan mi padre muerto,
la lluvia, los bandoneones con cáncer
y el resto de mi familia. Todos menos tu,
aquí Diamanda Galas, llave inservible; La Ausente,
la que escondieran otros, secretamente, bajo la tierra.
...Nadine.
Para qué salir.
Aquí tengo tu ausencia y un gato,
y música, y cine, y fuera hace frío, y libros.
Fuera tu vives por ti, por otras, por otros.
Aquí te tengo solo mía. Cachorro. Mi tessoro.
Aquí no existes más que a mi manera.

Viejos poemas (Etiqueta inaugurada)

ODIO LAS RISAS ENLATADAS



Sólo se puede mejorar enfermando
así se está mas cerca de morir,
por conclusión o consecuencia de desaparecer,
que es el estado mejor, la invisibilidad o la inexistencia.

Aun no recuerdo cuando no existía.
Tengo un ático por fin de una puta vez
con dos perros excitados a los que amo;
mi ying y mi yang.
“Tú antes de haber nacido” es un concepto equivocado.
Prefiero decir que “no recuerdo cuando no existía”
o "cuando me muera voy a"
¿Ves la luz?
Sigue la luz
"...los semáforos le dan tres luces celestes".
Los semáforos del tiempo dan paso a enfermedades
y yo no quiero morir tras un hospital...
Odio los hospitales,
están al mismo nivel de odio que me evoca la política
o el color de pelo azul malva sellado.
¿Sellos que sellan?
Del verbo sellar.
Sellos mágicos.
Sellos trágicos.
Mis sellos, mágicos.
Tus sellos, trágicos.
(Eso no goza de mucho sentido
y estan echando se ha escrito un crimen).
No soporto a Jessica Fletcher
prefiero a Colombo.
A veces solo le faltaba eructar
para ser el mejor, ya del todo.
Hace veintitrés años yo era un feto.
Y un poco antes me sentía límbico.
Odio la FOX.
Odio las risas enlatadas.

Palabras como flores.

FUNICULADOS

понедельник, 27 декабря 2010 г.

Palabras como flores.

INMORTALIDAD

Desierto rojo. (poemas)


Nº 7 El ave

Que la palabra OJO me mira. 
Que la palabra OJO me llora.
         I  I
         I  I
Que el aVe se ha perdido.
Que anida en tanta ruina en la que hay vida.
Que hay vida en tanta ruina en la que anida.

Una bofetada de vida.
Golpe de esperanza.
Hasta que abrí los ojos.


Nº 8 Noche en la ciudad.

He sentido terror en la ciudad. 
Sonidos roncos se apoderan. Como de viejas máquinas
con reminiscencías tardías de querer ejecutar su función
silban a lo largo de las calles vacías, entre los coches destruidos
y a través de mis tímpanos.

Todo está lleno de fantasmas.
Esta noche el terror es mi hermano.
Dormimos juntos, de la mano.




Desierto rojo.


Capítulo 13

Si. Como siempre. Lloro. Mientras lo persigo lloro. Con todo mi cuerpo. He pasado años en este mundo rojo vacío de vida, sólo he visto alguna vez sesenta cucarachas preparando invasiones al rincón del sofá o la despensa, y ahora mis ojos lloran mientras la persigo perdiéndose sobre la linea del horizonte en dirección al rojo sol. Qué imagen más monstruosa me evoca. Con mi creencia firme desde el principio de que vivíamos en pura soledad plena. Pero ahora, aquí, a mucho tiempo desde mi partida, mis ojos miran un ave perderse. 
No puedo esperar para contárselo a mi mujer y a Iván. Por un instante siento unas ganas horrendas de volver a su lado corriendo y contarles que hay un ser alado que ha sobrevivido, quién sabe si construyó su nido con la misma alquimia de amor que yo construí mi casa. Pero ahí está. El ave Ícaro, perdiéndose contra el Dios del fuego.

Ahí estamos los dos, volando sin temor hacía el futuro, que siempre queda de frente. El con sus alas, díptero. Yo con mi llanto humano.



Capítulo 14

Doble arcoiris sobre el desierto. Oh. Ah. Sí. Increíble. Doble arcoiris. Mis sueños desde que vi al pájaro son diferentes. Antes siempre ocurría una historia con principio y fin. Algo terrorífico o hermoso. Y siempre ocurría en mi casa. Con Iván, con mi mujer. Pero ahora, desde que vi aquel pájaro, mis sueños son imposibles iconos coloridos, ríos azules donde se puede beber algo que no sea azufre; cascadas, estanques, arcoiris, arcoiris dobles, mujeres bellas haciendo el amor sobre una sábana caliente y mojada, atardeceres de mar serena, mi mujer y mi hijo sonriendo y dando vueltas sobre si mismos...
Cada vez que despierto de mis sueños de color y me encuentro mi mundo rojo, que me espera con su ojo rojo que me mira con su pupila de fuego, que ayer fue un ave y hoy es otra, una sonrisa nostálgica despierta conmigo.

A lo lejos distingo una ciudad. Provisiones. Agua quizá. Cobijo seguro. Me encamino a la destruida urbanidad, buscando quizá un instante de sociedad en bucle, una cafetería con tres personas. Uno tose. Otro desayuna tostadas de aceite. Un tercero marca varios números y acaba marcando el seis y se pone a hablar con su pareja mientras la camarera pasa la balleta por la barra y yo doy un trago a mi café como si nada hubiera pasado. Como si me fuera a incorporar a mi trabajo en media hora. Leo el periódico y este reza: 
Recuerda: esto que vives es imposible. Esta vida fue destruida. 

Sacudo la cabeza para que se evaporen las nostalgias tontas, sigo caminando. La ciudad está cerca.



Videablarte. Atardecer en el faro.















Retales de "El fauno Juan Amapola"

Fauno, de Arnold Böcklin
"El fauno Juan Amapola se enfrentó al despertar esa mañana como se despiertan las cosas, en una milésima de segundo, el rito después se extiende, pero es en esa milésima cuando ocurre que ese día van a ocurrir las cosas que van a ocurrir irremediablemente porque has despertado en esa milésima de segundo, no tres segundos arriba o cuatro abajo. En esa. Qué diferente imagino que habría sido todo tres segundos abajo o cuatro arriba. Pero se despertó en esa milésima fatal para el destino del Río y el bosque. Se aseó las patas con un chorro de un manantial cercano al Río, se limó las pezuñas con una piedra que no paraba de quejarse gruñendo, y salió a la vida, dispuesto quién sabe a qué, pues desde que comenzó a soñar con otros mundos no es el mismo Juan, suave y dulce, faunito inocente de ciento y pocos años... Era otro. Llamémosle Señor Amapola.

El Señor Amapola pasó cerca del Río, hablaba con los pájaros, los árboles, las cosas, y todas le decían que fuera a ver al Río. El Señor Amapola continuó su camino ignorando la corriente. El Río fluía casi contra su voluntad. El Señor Amapola se detuvo a hablar con el Olmo. El río fluía deseando estancarse. Se crecía entre sus piedras, que cada vez eran más impertinentes y le dolían más. El Olmo le dijo al fauno que no, y el fauno le dijo al Olmo que sí. Los dos tenían razón. El rumor de las piedras extendió la idea de que el Río un día se iba a estancar de pleno terror.  Los peces lo habían comentado ya con las ranas, y las ranas no se lo discutieron porque sabían que los peces, al menos las carpas, al menos las de este bosque, no solían hablar en vano, ni murmullar rumores falsos. Las carpas, según la forma que el Río las acariciaba, intuían que pronto sería un día fatídico. Que todo peligraría. Que inevitablemente o sin remedio el desamor mordería el nucleo vital del bosque, que se bebería la energía del Río y sus ganas de ser.

El Señor Amapola se encaminó a los límites del bosque.
El Río iba cediendo su cadencia.
El Señor Amapola puso un pié tras la linea imaginaria y luego el otro.
Entró en el nuevo mundo.
El Río perdió la mayúscula, convirtiéndose en río... Y se paró en seco..."