Las cosas de Iván Federico

Átomo perdido en la llanura, que me nombró el poeta, nací sin querer y moriré sin poder evitarlo.

суббота, 4 декабря 2010 г.

me encantan los brebajes con tres equis

monfleuve, monfauve



Emisaria del sol.
Sombra blanca.
Domadora de leones
sobre los que cabalgas
sobre y bajo la nieve
como rutina.

Hay palabras.
Palabras que decir.
Que usar en tu contra.
A tu favor.
Palabras
que no se inventaron
el día que se inventaron
las palabras.

Mi río, mi fiera,
mi cuenco tibetano
de sonido único
en el mundo.

Afinado en mi.

Puenting.

Se me acelera la sangre.
Elpulsomevaamilomás.
Arnés. Vacío. Yo.
Santa trinidad.
Cuatro días.

Me lanzo.

No has perdido lo más importante.

No has perdido lo más importante.

Posa las manos sobre el teclado.

Esto lo harás con los dedos.

Obsérvalos.

Traza una linea en dirección a tu centro.

Has llegado a los hombros. ¿Ok?.

Continúa.

Arriba, una cabeza.

Abajo un cuerpo entero.

Ahora dí que has perdido lo más importante.

Si te atreves.

Laurita Siles

Siguiendo con el proceso de mostrar no sólo el arte de toda la vida,
ese tan manido que ya unos u otros conocemos,
y con el rito de fomentar el arte creciente, nuevo, fresco, ese que huele a cercanía y a proyectos,
y con la idea de mostrar el trabajo de gente a la que admiro/quiero
os dejo aquí un asomo a la obra de Laurita.
Os aseguro que no hay dos artistas como ella en la historia,
ni mucho menos dos amigas para mi,
o personas en el mundo
iguales.

La web con su obra.

Su blog. Su blog .





Bendito Catorce

Uno, (Despatafisicación de una rayuela). Capítulo XI


Uno. Finalidad de la fe. 
El uno está pintado cabizbajo.
Sólo desea sumarse a otro uno
y que a ese dos se le sumen otros treses.
Llegar a diez o al cielo quiere el uno.
Pero el uno va a volver a la tierra.
Nunca debió salir de allí.
Creerse abanico.
Multiplicarse.
Mitosis.

Al uno lo asaltan mis pies ansiosos
y ya con cierto desprecio lo borran
poco a poco, saboreando la destrucción del icono,
la finalización de la tarea del desescribir un texto, un juego, un mapa,
un mandala, un laberinto, un ave alado, un mito.

Del uno vuelvo a la tierra.
Patria de la que nunca
debí salir. Nunca.

Kata ton daimona eaytoy

пятница, 3 декабря 2010 г.

Si quieres buscarme es tarde, es pronto, es imposible.

Si quieres buscarme 
es tarde
para hacerlo en el pasado, 
pronto 
para hacerlo en el futuro
e imposible 
para hacerlo en el presente, 
pues hace muy poco era el futuro 
y ahora es el pasado.


Si quieres buscarme
y me encuentras pregúntame
por mi. 
Será más fácil encontrarme
si me buscamos juntos.
Si quieres buscarme
cuando me encuentres
vayamos a los confines del mundo
a preguntar 
por mi.


Y si no quieres buscarme
me encontrarás
en el pasado
en el presente
y en el futuro



Y si no quieres buscarme
pregúntate por qué has llegado aquí.






Dedicado a Rolando Merayo.
Amigo, hermano, poeta.

четверг, 2 декабря 2010 г.

Desierto rojo.


Capítulo 9

Esta noche ha hecho un frío especial. He soñado que el apocalipsis ocurrió de otra manera. O quizás he soñado en este mundo rojo que me ha tocado vivir, pero trasladado a un tiempo futuro. Al fin y al cabo he soñado un desierto azul, y no me cansaré de usar esta palabra: Desolador.
Y yo no tenía casa, vivía en cuevas. Y no tenía familia, hacía frío. Y no era el único ser vivo, había monstruos. Monstruos de hielo, Moby Dicks por tres. Monstruos enormes. Y había más seres vivos, y morían. Comidos por los Mobydicks o helados, morían llorando de terror o pena. Y yo anhelaba mi desierto rojo. No quería rendirme del todo al sueño. No quería aceptar que estaba atrapado en un mundo a modo de bloque de hielo. Aceptar que estaba sólo, que mi mujer había muerto congelada, que Iván murió de frío en su vientre.
Así que desperté, yo soy así, decido lo que sueño de hace tiempo, he aprendido a soñar con tanto tiempo libre, y bien, miré a los ojos de mi amor, cerrados, y quise imaginarla soñando que sonríe, que lleva a Iván al cole, que hacemos las tareas por la tarde, el amor mientras duerme, y que por las mañanas al trabajo. Me gusta imaginar que sueña dulcemente. 
Para quitarme el frío que me ha dejado el sueño la he abrazado. Y ella se ha despertado. Ha sonreído.
Yo le he contado el sueño y dice, como acostumbra ella a decirme siempre, que no delire. Que este es nuestro mundo, un mundo rojo para siempre eterno. Sin monstruos más que la enorme soledad y el fuego. Que el mundo que soñaba no es posible. Y no se si es verdad lo que me dice, pero acostumbro a escucharla y a confiar en ella sobre todas las cosas y, tan acostumbrado estoy, que sus palabras me hacen entrar en calor y olvidar los malos sueños cuando acechan.


Capítulo 10

De no sé dónde. Mi mujer está histérica. Iván alucinando. ¡Cucarachas! Han empezado a salir no sé de dónde, después de tantos meses, y están por todos lados. No sé que significa para mi mujer esto, ella es tan sorpresiva para todo, igual está por dentro maldiciendo. Iván ya tiene un juego nuevo, mi niño ha proclamado  en alto que va a hacerse cazador, explorador y domador de éstas. 

Para mí las cucarachas son un signo. Una señal. Una advertencia muda. Una metáfora. Una ilusión. De nuevo creo en la vida. He de sumar al mundo que habitamos un dato más: estos pequeños monstuos. 
Me siento acompañado por su silencio, su caminar cabizbajo y con antenas me recuerda horrorosamente al ser humano, a mis amigos de la capital, a mi, corriendo con destino o sin destino, pero siempre corriendo por la vida. Huyendo o persiguiendo, yo no se. Con las antenas puestas por si acaso. Pero arrastrándonos, como íbamos, por el suelo. 

A veces cruje una bajo los pies del niño. Entonces cuando nadie mira yo la entierro. Si, mis semejantes han vuelto, van a reinar la tierra de nuevo. Y todos se merecen un digno funeral cuando se mueren. Salgo a la parte trasera de la casa, escarbo en el suelo ardiente, leo algún poema, homenaje a la vida, o pensamiento escrito, y la despido como se merece. Quizá, de las tres personas que habitamos el mundo, sea yo el único que se ha dado cuenta de lo importante que es este resurgimiento de tanto Samsa. Por eso soy tan tímido al respecto y mi mujer o Iván jamás sabrán que lloro en los entierros.

Desierto rojo.


Poemas del desierto
Nº3 Soneto del descubrimiento
de una ciudad.

He llegado a la ciudad en la hora del ocaso
y el mundo aquí no es diferente. Rojo fuego.
He llegado a la hora del ocaso, en el que niego
a mi cuerpo un sueño frágil, nimio, escaso.

Los ojos bien abiertos mantendré si acaso
no me fiase del terror nocturno. Ruego
al Dios de este desierto rojo, que anda ciego
y mudo, que su voz mude a mi paso.

Que me hable de que hay vida entre las piedras,
que me muestre la forma de encontrarla
entre los parques muertos con sus secas hiedras.

Que me ayude no en fe, si no en nombrarla.
"Que si, que hay vida aquí, creciendo mientras medras
tu fe donde ni yo puedo alcanzarla."




Nº4 Resurgimiento mundial
de la cucaracha

Pequeño bicho, tú tenías que ser.
Parte terrible de este mundo insólito.
Callada tanto tiempo bajo tierra.
Pequeño monstruo, tenías que ser tu
el primer tipo de vida que tras meses he visto.

Ya lo intuía.
Ya lo había oído.
El mundo un día será
para las cucarachas.

среда, 1 декабря 2010 г.

Desierto rojo. (poemas)


Poemas del desierto.
nº1 El bosque

Paseo, a veces, por el cadáver de un bosque
no muy lejos de casa.
Las fosas nasales se me llenan de muerte.
El pecho se me hincha
y se deshincha y todo lo que fluye poderoso
es un hálito de muerte.
Cientos de troncos muertos no alcanzarán jamás el cielo.



nº2 Iván

Has crecido jugando a mirar fotografías antiguas.
Preguntabas indiscreto qué es aquello o esto otro.
Eso, mi dulce paz, era lo que llamábamos la vida.
Te echabas a reir. No me parece tonto
pues todo lo que conoces, que es muerte,
es para ti la vida en realidad,
y lo que para mi y mamá es la vida es para ti tan sólo un cuento para niños.

вторник, 30 ноября 2010 г.

Desierto rojo.


Capítulo 7

Lo contaré como si hubiera pasado, porque pasó ya que fue soñado. Cadáveres. Días y días (ya os hablaré del tiempo aquí, se mide en días) pisando cadáveres.  No seis días, ni doce. Ni cien siquiera. Años quizá, caminando sobre cadáveres. Cadáveres de bosques, de pueblos, de ciudades, de autos ya no tan móviles, de personas. No es difícil imaginárselo. Ya os he hablado mucho del mundo en que vivo así que imaginad el mundo en el que sueño. Barba de cientos de días. Pies destrozados, abrasados. Piel negra como la tizne. Cientos de días añorando a mi familia, soñando cada noche con qué será de nuestra cómoda vida en nuestro conocido páramo sin mi, y de repente, el pensamiento es interrumpido por una columna enorme de humo. Humo, humooo, hummmm, hummmmanidad. Humo, de humanidad. Y una casa si trazas una linea hacia el origen del humo. ¡Personas!. ¡Si!. Necesité un sueño donde sufrír lo que no me atrevo a sufrir en la vida para encontrar un rastro de vida en este desierto rojo.

Ahí estaba yo, parado. Llorando. Alegre. Asustado. Lo veréis una estupidez pero sólo pensaba en afeitarme. Tanto tiempo sin tratar con un ser humano bien podían haberme convertido en una mala bestia, cientos de días caminando bien podían haberme tornado a una especie de monstruo. Así que eso hacía, llorar y añorar unas cuchillas con las que presentarme en esa casa como lo que sigo siendo aun, despues de tanto tiempo... Un ser humano.

Avancé hacia la casa. No sabía qué encontraría allí. Asesinos. Otra familia. Un hibrido humanobestia hambriento de sal y sediento. Mientras se me pasaban estas idéas por la cabeza sentí un beso en la frente, oí "buenos días, amor", la casa descubierta y el sueño se disiparon, y vi a mi mujer despertarme dulcemente, como cada día.


Capítulo 8 

Os voy a hablar del tiempo. No del tiempo como vosotros lo conocéis de veinticuatro horas al día y así y etcétera. Si no del tiempo como se concibe aquí. No como un bicho que camina y camina, como dice uno de los pocos libros que conservo en casa, última biblioteca de la humanidad. Si no como un monstruo que se devora a sí mismo, que se come los días y las noches como si fueran uno, que se come mis ilusiones, mis esperanzas y mis anhelos. 
Aquí si haces un puzzle de mil piezas no ha pasado ni un día cuando lo has terminado. Si. El sol se ha ocultado y ha salido varias veces. Pero eso no es ni un día. Eso aquí es un suspiro. Ha pasado un segundo aquí cuando para uno de vosotros, seres lejanos para quien escribo, pasados o futuros, seguramente hayan pasado días enteros. Aunque he de reconocerle al tiempo cierto poder de mutación. Y hay días que muta. Y hay días que ocurre exactamente lo contrario porque ha mutado. Y ya no es un bicho lento como dice el libro, si no un caracol. Esos días los aprovecho para abrazar a mi esposa o leerle a Iván los últimos poemas que he escrito. Los aprovecho para mirar por la ventana al infinito o para tomar un café releyendo el libro aquel que habla del tiempo como un bicho. 

Como podréis acertar a pensar, aquí el tiempo es una bestia dulce. Igual te pega la sacudida que te mece. Aquí eres para el tiempo como para ti sería un grano del poso de un café. Estás a su merced y no te valdrán relojes, calendarios, frases hechas, rayas en la pared, libro de planes, ya lo he intentado todo y no consigo domar al tiempo. Imaginad una pulga domando al domesticador. Así sería. Pero la realidad de la pulga siempre fue otra, y su destino siempre será otro. 
Ser pequeña en el mundo y en el tiempo.

Dos, (Despatafisicación de una rayuela). Capítulo X


Apenas lance sólo dos veces la piedra
te habré ganado la partida, querida.

No se a qué esta obsesión mía
desde que crucé la frontera
por acabar este juego.

Dos. Donde la palabra "unidad" adquiere sentido.
Amantes que se besan. Poemas que se escriben.
Ritmos del mundo, dos, el día o la noche.
Suspiros que me quedan.
Saltitos que me faltan.
Ay, si me vierais todo este tiempo atrás,
saltando en los semáforos, en las paradas de autobús,
en los pasos de cebra, si me vierais tan loco desde fuera
y tan cuerdo desde dentro. Sabiendo que es algo que debía hacer.
Jugar al juego que borro, para conocerlo.
Si vierais al poeta con los dedos manchados de tiza,
los años en que lo acusaban de buscar el infinito.

Y ahora miradlo.
Ha vuelto.

El infinito no es un lugar tan agradable.
Está lleno de renglones torcidos.
Prefiero llegar a la tierra.
Pisar patria cuerda.
Besarla.
Uno.

Sólo un suspiro más
y estoy en casa.



Desierto rojo.


Capítulo 5

Fue desolador. Primero oímos las explosiones. Estábamos en el búnker de la casa cuando sonó la primera. Medio mundo estaba avisado de que el otro medio atacaría, por eso no nos pilló por sorpresa a mi mujer y a mi. Así empezó todo, como así siempre empieza todo lo que acaba con la vida. Con amenazas primero y explosiones después. Cuando oímos la primera nos abrazamos fuerte y lloramos. No nos abrazábamos por miedo, no llorábamos de terror. Nos abrazamos por nuestros seres queridos. Los suyos. Los míos. Los nuestros. Y llorábamos. Llorábamos por Iván, que no conocería el mundo nuestro, el mundo para el que lo habíamos concebido, si, a sabiendas de que ésto podía ocurrir, un mundo de zapatillas de andar por casa, domingo lluvioso de nostalgias, noches de parques descubriendo el amor, y si, también mundo de envidias y desidias, de Lupus est homo homini, non homo, de niños que se tiran terrones de arena... Al fin y al cabo un mundo perfecto, perfecto para ser cambiado, para ser vivido mientras es cambiado.

Desolador...
Después un gran silencio. Ya os he hablado de éste. El silencio ruidoso, atronador, campanadas a muertos, y después el fuego. La primera vez que salí del bunker, antes de acabada la cuarentena, el cielo y la tierra eran rojos, el rojo intenso que mis ojos veían a duras penas era las cenizas de la naturaleza, que había ardido durante meses y ahora se esparcía. Casi no podía respirar. Volví al bunker. Mi mujer estaba a punto de traer al mundo a Iván. 
Me dediqué a ellos los siguientes días. Nunca jamás volví a pensar en poner en peligro mi vida, en saltarme la cuarentena. Puede que no fuera a tener zapatillas de casa y domingos lluviosos, pero no podía negarle un padre. Su protección, su consejo, su amor.


Capítulo 6

Mi mujer. Segunda maravilla del mundo (si, a eso jugamos, a nombrar las nuevas siete maravillas). Mi niño, primera maravilla. Y yo. Maravilla obligada (no creo ser digno de tal adjetivo). Si de mí dependiera, mi mujer y mi niño seguirían siendo la primera y la segunda maravilla, pero no sería yo la tercera. La tercera sería mi casa indestructible. La cuarta el momento en que el sol va a desaparecer. La quinta el momento justo después de que desaparezca. La sexta los abrazos que nos unen a los tres en las frías noches, y la séptima el amor que nos une y nos mantiene felices los días de calor asfixiante. Pero al no jugar yo sólo tengo que conformarme con ser la tercera maravilla, pues así lo quieren Iván y mi mujer. La cuarta es un osito de peluche. La quinta un cuadro de Klimt. La sexta el observatorio del solarium. La séptima la increible lluvia de colores que cae de tanto en cuando. Así lo han decidido ellos y yo con mi silencio los apoyo hipócrita. 

Mi mujer, segunda maravilla del mundo, ayer me invitó a reflexionar. ¿Y si mi casa no es la única casa indestructible?. ¿Y si hay otro Iván creciendo y jugando en cualquier parte del mundo?. Y de así ser... ¿Y si no está tan lejos la otra casa?. Ella lo dijo, tan tranquilamente, y yo después, antes de irnos a dormir, antes de cerrar los ojos otra noche más sintiendo que estamos solos en el mundo, que no hay más casa indestructible que la mía, ni más familia feliz, ni más maravillas que las que todos decidimos o yo callo, me preparé para un sueño atroz. Os lo describiré otro día. Ahora estoy cansado de escribir y pensar.


воскресенье, 28 ноября 2010 г.

Tres, (Despatafisicación de una rayuela). Capítulo IX

Ya siento el fuego del fin del juego.
Ya te he arrancado las alas, sólo dos cuadros me separan de mi humanidad.
He retornado, paso a paso, desde el final del juego, me he dejado cuerpos
enteros míos a los lados del camino, me he arrancado mil uñas, he gritado mil veces.
Ha llovido, he maldicho.
Ha hecho sol, he maldicho.
He borrado y maldicho.
Y ya sólo un suspiro y
se terminó la rayuela.

Dejo atrás un halo, lo se, de duda. Es parte de mi trabajo confundir al que mira.
Para que crea que creo que cree que creo que se lo que me digo cuando escribo.
Pero todo tiene una explicación metafórica, incluso el juego. Son esto. Esto. Aquello.

Cada verso, cada poema, cada numerito, cada cuadro, son una declaración del juego.
El juego que se desjuega. Y si pretendes jugarlo hasta el infinito te perderás.
Por eso se ha de volver, siempre, a la rectitud envidiada de la linea perfecta,
a la horizontal o a la vertical, y dejar los mandalas,
laberinto, espiral, dejar ya jugado el juego.

Desierto rojo.


Capítulo 3

Hoy me he sentado sobre una piedra.
No he hecho otra cosa en todo el día, me he sentado sobre la piedra y he observado el horizonte, llamadme lagarto, el sol ha hecho mella en mi, llamadme desidia, la he sufrido durante muchas horas, llamadme como queráis, no se que haríais vosotros en mi situación. Una vida entera expuestos a una inmensa muerte que te acecha cada vez que levantas los ojos del suelo, que te rodea por todos lados, con su silencio atronador que suena tanto a la muerte de todas las cosas. Un sonido rojo y extenso, que cuando más silencio hay más grita y vibra.

He observado el comportamiento del sol. Nada extraño. Ha salido, como todos los días, inmenso. Titánico. Y ha empezado a escupir su fuego sobre la llanura, como todos los días, recordando que ahí está, Dios primero del mundo y único Dios superviviente de la tragedia que llevó a la humanidad (a mi y a mi familia) a la total extinción, única santa trinidad,  fuego y sed y muerte, Dios sol. 
Al mediodía la luz, casi dañina, era dueña de todo. Apenas distinguía mi casa, que estaba a pocos metros de donde yo estaba sentado, el sol me cegaba tanto que si levantaba un poco mi vista al horizonte todo lo que veía más allá era una fluctuación negra y viscosa en movimiento de áspid.
A la tarde el sol se relajó. Vi el viento mover la arena y los cadáveres de los árboles. Vi con mis ojos algo que no había visto nunca antes, puesto que antes nunca me había fijado. No estábamos solos mi familia y yo en el mundo. Estábamos todos. Toda la humanidad estaba ahí, flotando en el aire, sus partículas entraban por mi nariz al respirar, estábamos en el mundo mi casa, mi familia, yo y las cenizas.


Capítulo 4

No basta para ser feliz sólo tener una familia y un mundo lleno de cenizas. Esto lo he descubierto hoy arremolinado en los brazos de mi mujer. Antes, cuando todo iba bien, me levantaba para ir a trabajar, la besaba en la frente, besaba el vientre donde crecía mi hijo, me acercaba al espejo, me besaba el reflejo, y buenos días y a la calle, y al trabajo, y a las horas me venía un sabor a mi familia a los labios y daba gracias a la naturaleza por habérmela brindado, pensaba que era lo único que necesitaba para ser feliz. A mi familia. Hoy estamos sólos ellos, la casa, el mundo rojo y yo. Y puedo decir que hacen falta más cosas para ser feliz. Hacen falta reuniones con amigos poetas para hablar de lo dentro que nos llegaron las flores del mal, hacen falta domingos viendo los dibujos animados del momento mientras la leche (fresca) va emergiendo entre los cereales. Hacen falta partidas de Scrable, películas nuevas que ver en el cine, hacen falta los parques que acaban en fuente, los buenos días del pan, los amores de autobús. Hacen falta los timbres de las escuelas y las campanas de las iglesias, el murmullo de las gentes por las calles del pueblo, hace falta la vida. La vida, para que la felicidad fuera absoluta.

Aun así es felicidad, el vientre de mi amor no me lo dieron tardes ajetreadas, ni citas en tertulias, el vientre de mi amor vino al tiempo que mi amor, que vino sin adornos, ni prisas, ni humanidades fingidas, sólo su cuerpo, portador de la mente que más amo y me acompaña ahora en la intimidad absoluta y sufre, como yo la soledad.

Gracias por esa parte a este dignificado holocausto. Por otra parte, si, maldito sea.