Las cosas de Iván Federico

Átomo perdido en la llanura, que me nombró el poeta, nací sin querer y moriré sin poder evitarlo.

четверг, 2 декабря 2010 г.

Desierto rojo.


Capítulo 9

Esta noche ha hecho un frío especial. He soñado que el apocalipsis ocurrió de otra manera. O quizás he soñado en este mundo rojo que me ha tocado vivir, pero trasladado a un tiempo futuro. Al fin y al cabo he soñado un desierto azul, y no me cansaré de usar esta palabra: Desolador.
Y yo no tenía casa, vivía en cuevas. Y no tenía familia, hacía frío. Y no era el único ser vivo, había monstruos. Monstruos de hielo, Moby Dicks por tres. Monstruos enormes. Y había más seres vivos, y morían. Comidos por los Mobydicks o helados, morían llorando de terror o pena. Y yo anhelaba mi desierto rojo. No quería rendirme del todo al sueño. No quería aceptar que estaba atrapado en un mundo a modo de bloque de hielo. Aceptar que estaba sólo, que mi mujer había muerto congelada, que Iván murió de frío en su vientre.
Así que desperté, yo soy así, decido lo que sueño de hace tiempo, he aprendido a soñar con tanto tiempo libre, y bien, miré a los ojos de mi amor, cerrados, y quise imaginarla soñando que sonríe, que lleva a Iván al cole, que hacemos las tareas por la tarde, el amor mientras duerme, y que por las mañanas al trabajo. Me gusta imaginar que sueña dulcemente. 
Para quitarme el frío que me ha dejado el sueño la he abrazado. Y ella se ha despertado. Ha sonreído.
Yo le he contado el sueño y dice, como acostumbra ella a decirme siempre, que no delire. Que este es nuestro mundo, un mundo rojo para siempre eterno. Sin monstruos más que la enorme soledad y el fuego. Que el mundo que soñaba no es posible. Y no se si es verdad lo que me dice, pero acostumbro a escucharla y a confiar en ella sobre todas las cosas y, tan acostumbrado estoy, que sus palabras me hacen entrar en calor y olvidar los malos sueños cuando acechan.


Capítulo 10

De no sé dónde. Mi mujer está histérica. Iván alucinando. ¡Cucarachas! Han empezado a salir no sé de dónde, después de tantos meses, y están por todos lados. No sé que significa para mi mujer esto, ella es tan sorpresiva para todo, igual está por dentro maldiciendo. Iván ya tiene un juego nuevo, mi niño ha proclamado  en alto que va a hacerse cazador, explorador y domador de éstas. 

Para mí las cucarachas son un signo. Una señal. Una advertencia muda. Una metáfora. Una ilusión. De nuevo creo en la vida. He de sumar al mundo que habitamos un dato más: estos pequeños monstuos. 
Me siento acompañado por su silencio, su caminar cabizbajo y con antenas me recuerda horrorosamente al ser humano, a mis amigos de la capital, a mi, corriendo con destino o sin destino, pero siempre corriendo por la vida. Huyendo o persiguiendo, yo no se. Con las antenas puestas por si acaso. Pero arrastrándonos, como íbamos, por el suelo. 

A veces cruje una bajo los pies del niño. Entonces cuando nadie mira yo la entierro. Si, mis semejantes han vuelto, van a reinar la tierra de nuevo. Y todos se merecen un digno funeral cuando se mueren. Salgo a la parte trasera de la casa, escarbo en el suelo ardiente, leo algún poema, homenaje a la vida, o pensamiento escrito, y la despido como se merece. Quizá, de las tres personas que habitamos el mundo, sea yo el único que se ha dado cuenta de lo importante que es este resurgimiento de tanto Samsa. Por eso soy tan tímido al respecto y mi mujer o Iván jamás sabrán que lloro en los entierros.

1 комментарий:

  1. Es precioso, maldito. Los dos capítulos.

    P.D. Cuando consiga tu libro lo devoraré, me temo. Así que tendré que comprarme otro :P

    ОтветитьУдалить

se asoman al espejo